¿Qué sistemas de calefacción existen?

Cuando el frío llega, a todos nos gusta la comodidad de un hogar caliente donde poder descansar a gusto junto a nuestra familia. Por eso es importante elegir un buen sistema de calefacción que nos proporcione confort y bienestar. Esta elección dependerá, no sólo de la fuente de energía, sino también de aspectos propios de la casa: ubicación, tamaño y  distribución de la misma, climatología y aislamiento o el número de personas que van a convivir en ella

Los diferentes tipos de calefacción podemos categorizarlos según el aparato o sistema del que procede el calor (radiadores de agua, suelo radiante, eléctrica por acumuladores, bomba de aire, eléctrica por convectores y emisores termoeléctricos) o según la fuente de energía (geotérmica, biomasa, eléctrica, gas y solar). A continuación, os detallamos cada uno de ellos:

 

Calefacción de gas

Se trata de uno de los sistemas de calefacción más usados por los españoles para calentar sus hogares, por su limpieza, eficacia y perfil no contaminante. Este tipo de fuente energética es usada tanto para calefacción y cocina como para agua caliente sanitaria (ACS). Las variedades son: gas natural o gas ciudad, gas propano o gasóleo C.

El gas natural destaca por su comodidad ya que no tendremos que preocuparnos de gestionar su almacenamiento, pero  si vives en zonas más aisladas y alejadas de núcleos urbanos, quizá no llegue el suministro de gas natural a tu hogar.

Y si es tu caso, una buena opción es  el gasóleo C , perfecto para calentar esos hogares grandes que están alejados de las grandes ciudades, aunque es más contaminante y menos limpio que los otros combustibles. En este caso, el almacenaje se produce en el interior de la casa, por lo que su nivel de peligrosidad es más alto. Y, por último, el gas propano es muy conveniente también para casas grandes o viviendas apartadas de las grandes urbes donde el gas natural no llega, por su potencia calorífica superior al gas natural y similar al gasóleo.

Cualquiera de las tres opciones requiere el uso de radiadores para repartir el calor homogéneamente por la casa.

 

Sistema de calefacción eléctrica por acumulación

Por su instalación sencilla, su mantenimiento y seguridad, se trata de una de las formas más habituales de calentar un hogar. La electricidad consigue generar calor cuando la corriente circula por las resistencias eléctricas, haciendo que estas se calienten y el calefactor expulse aire caliente.

Este tipo de calefacción se puede encontrar en diversos sistemas, pero sea uno u otro, no requiere el consumo de oxígeno para su funcionamiento, y además es una energía libre de gases contaminantes. Tampoco necesita un mantenimiento continuo, más allá de la limpieza periódica del filtro del aire, pero sí de una instalación eléctrica apropiada.

En el caso de valorar esta opción para tu hogar, se debe tener en cuenta que las tarifas eléctricas son más costosas que el gas natural, por lo que en función del tiempo que el hogar esté en uso deberemos decidir si escoger una u otra.

La calefacción eléctrica es una buena opción para las viviendas que se encuentran en una región cálida ya que se necesitaría menos potencia, para segundas viviendas o para hogares pequeños que se calientan rápidamente.

 

Sistema de calefacción eléctrica por convectores

Este tipo de calefacción genera calor cuando la resistencia se calienta, calentando a su vez el aire que fluye de forma natural por su interior. Es perfecto para hogares en climas cálidos, para habitaciones pequeñas o como complemento de un otro sistema de calefacción.

Además, su instalación es barata y sencilla ya que no se requieren obras (depende del tipo de convector).

 

Emisores termoeléctricos

Son los tradicionales radiadores de aceite. El sistema genera calor gracias a un aceite térmico que se calienta por medio de una resistencia eléctrica.

Cada radiador funciona de forma autónoma y se pueden enchufar en cualquier lugar sin necesidad de obras (sin caldera ni tuberías). Tras apagarlos, siguen desprendiendo calor durante horas. Son más seguros que los radiadores de agua, ya que no generan presión interna como lo hacen los de agua.

 

Caldera con radiadores de agua

Este método es el más utilizado para calentar los hogares españoles. Mediante combustión del gas natural en calderas se produce el calor, distribuyéndolo mediante el agua a los diferentes espacios del hogar por medio de radiadores.

El suministro de este sistema de calefacción es escalable, ya que puede ser para un solo usuario, para todo un edificio (calefacción central), para un barrio o incluso una ciudad (calefacción urbana).

 

Suelo radiante

El suelo radiante destaca por su confortabilidad. El hecho de que el calor de tu hogar se genere desde el suelo hace que este se extienda fácilmente hacia arriba, alcanzando una temperatura agradable. La instalación consiste en cables eléctricos o tuberías distribuidos por el hogar bajo su suelo.

Este sistema es ideal cuando hay niños en casa, no sólo por el confort, sino también por la seguridad que genera no tener radiadores a la vista con los que se puedan quemar.

Su instalación es más compleja, dado que se tiene que levantar todo el pavimento, por lo que suele recomendarse para primeras viviendas.

 

Bomba de calor

Destaca por su fin polifacético, ya que puede generar calor en invierno y frío en verano. Su doble funcionalidad en un solo sistema, se amortiza rápidamente la inversión en la instalación. Su eficiencia para alcanzar la temperatura deseada hace que consuma menos energía que otros aparatos, consiguiendo a su vez una distribución más rápida del calor. Se recomienda su uso en climas cálidos o templados donde los inviernos sean suaves para poder mantener las estancias con un buen nivel de confort. Es importante contar con sistemas silenciosos.

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