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Ventajas de los edificios eficientes

Los edificios eficientes son la última moda en términos de arquitectura, diseño y construcción tanto para las ciudades y núcleos urbanos como para las zonas rurales. Desde que hace unos años se impusiese la exigencia de que todas las operaciones de compra, venta y alquiler implicasen siempre la expedición de un certificado de eficiencia energética, ha ido creciendo el interés por hacer de los edificios y casas lugares más sostenibles.

Desde luego, más allá del mero hecho de conseguir ese certificado tan necesario para realizar esas operaciones inmobiliarias, la eficiencia energética de un edificio es un factor cada vez más importante y que conlleva muchas ventajas. Pero, ¿qué es un edificio eficiente? En líneas generales, se trata de edificios que aprovechan al máximo los recursos. Ya sea por los materiales con los que han sido fabricados, ya sea porque su diseño se adapta totalmente al terreno o porque sus dueños han hecho reformas e instalado los mejores sistemas de calefacción, aire acondicionado y demás. Un edificio eficiente es aquel que hace más con menos y, en consecuencia, provoca que se consiga un mayor ahorro en la factura de la luz.

Por ejemplo, un edificio eficiente es uno que cuente con un sistema de aislamiento con una baja transmitancia térmica, con ventanas que tengan un factor solar del vidrio bajo, con capacidad de reciclar el agua de lluvia para usarla para el jardín, calentar el agua con energía solar y, en definitiva, adoptar todas aquellas medidas que hagan que, de un modo u otro, se reduzca en gran medida el consumo de energía y los recursos que necesita el edificio haciendo real la premisa de conseguir “más por menos”.

 

Las ventajas de los edificios eficientes son numerosas

 

Mejora el medio ambiente

Sin duda, ésta es la primera ventaja en la que pensamos. Un edificio que sea eficiente energéticamente es un edificio que emite menos CO². Lo que puede ser por emisiones del propio edificio o por emisiones indirectas: por ejemplo, un edificio con calefacción central está emitiendo CO² al usarla pero lo reparte entre toda la comunidad. En cambio, uno con grandes requerimientos de electricidad e individual es mucho menos eficiente.

Revalorización de la vivienda

Quizás sea una de las ventajas más cuantificables de todas. El mercado está dispuesto a pagar más por un edificio que consume menos y, según diversos estudios, este impacto podría ser de hasta un 20% del valor de su precio.  Los inversores inmobiliarios tienen claro que un edificio que ahorra energía, también está ahorrándoles dinero y, aunque tengan que pagar algo más por él, a la larga les saldrá mucho más rentable que uno ineficiente.

Ahorro de gasto energético

Al contar con buenas calificaciones energéticas, hay siempre un menor gasto de energía y un consumo menor que se traduce en facturas menos abultadas y en una mayor solvencia para quienes posean este tipo de edificios. Además, en ciertos municipios se han aplicado reducciones de hasta un 20% en impuestos como el IBI a aquellos edificios que sean especialmente eficientes.

Mayor disfrute de la vivienda

Los edificios eficientes hacen que sea mucho más cómodo estar en ellos que los que no lo son. Así, en las viviendas ineficientes tenemos muchas veces pérdidas de calor, lugares más fríos que otros o la necesidad de calentar mucho un sitio para que en otro haga una temperatura aceptable. Nada de esto ocurre en los edificios que cumplen con los requisitos energéticos ,que son eficientes y tienen unos altos niveles de confort.

Seguridad y mejora de infraestructuras

Cuando actuamos sobre el edificio cambiando por completo sus sistemas de aislamiento y emprendemos obras como, por ejemplo, el cambio o mejora de las ventanas o de los cierres y bordes, estamos haciendo que al mismo tiempo mejore la seguridad y asimismo estamos previniendo que haya nuevos desperfectos como los que surgen con el paso del tiempo.